Ayer mi clase de kung fu estuvo top, lejos la que mas me ha gustado desde que volví a entrenar. Fue una especie de concentrado de patadas. Mucho rato. Terminé demasiado feliz. Se me olvidó todo, las rabias de la pega, los problemas familiares, el cansancio, lo adolorida que estaba por la clase anterior… todo. Había puros alumnos antiguos, de graduación alta… y yo, así que tuve que aperrar no más. No sé si es por la capoeira o que, pero el asunto es que no me costó tanto seguir el ritmo, además que definitivamente patear es lo que más me gusta. Mis golpes con los brazos son una talla, yo creo que a nadie le dolería, en cambio con las piernas como que las cosas me salen mejor.
Desde que volvi a entrenar ando tan bien como no se imaginan. Se me quitaron todas las ñañeces. El más feliz es Azul que se las tiene que bancar cuando vienen. El kung fu me encanta, pero creo que el tema va más allá. Necesito hacer actividad física, pero algo fuerte. O sea, si me pones a hacer algo relajado no es lo mismo. Me hace bien, pero no me llena. Mi acupunturista me decía que lo que pasa es que acumulo demasiada energía, y entonces necesito algo que me ayude a liberarla y hacerla recircular. Le pregunte si me veía en yoga y se mató de la risa:” Te vas a aburrir como ostra”. Yo personalmente me encuentro de lo más normal, pero siempre me dicen que soy demasiado acelerada y que como que no paro nunca. John ritter me llama Ritalin, y Azul bromea con que desde antes de conocerme su vida y sus fines de semana no eran la vorágine que son ahora…
Recuerdo que el señor de las agujas me cateteó un montón para que volviera a hacer deporte, casi como parte del tratamiento. Mi primer e instintivo intento fue retomar la capoeira, pero pronto desistí al darme cuenta que mi momento ahí ya pasó y lo que yo quisiera no existe, por lo menos en Chilito. Eso sí, hasta el día de hoy escucho la música y hasta he vuelto a jugar, en instancias muy especiales.
Ante mi negativa a volver a los aires brasileros, mi doc me dice “Entonces haz kung fu”. Mi primera reacción fue un “no gracias, Azul hace kung fu y no quiero invadir su espacio, además no me llama la atención eso de andar peleando.. la gracia de la capoeira es que si tu quieres es sólo juego... y bla blabla”. Insistí en el “no” hasta que Azul me llevó a ver el mundial que hubo el año pasado. Me acuerdo que vi a una mina haciendo formas con una espada y dije “yo quiero hacer eso”. Al poco tiempo figuraba con mis pantalones de duende entrenando por ahí, en un grupo chiquito. Hoy estoy en otro grupo más grande y con otro profe, y lo suficientemente feliz como pa quedarme harto rato más. De Brasil me quedé con muchos y gratos recuerdos, amigos, enseñanzas y varias técnicas de patadas.
1 comentario:
Pero el yoga y el pilates pueden no ser tan "relajaditos" como se ven... de hecho, son bastante fuertes cuando uno los quiere así... Me acuerdo cuando estudiaba danza que me iba a yoga antes de clases para quedar como bomba energetizada, y después de clases me proporcionaba una dosis más para relajarme. Claro que debo reconocer que no hay nada como una cuantas pataditas de aerobox, mmmhhh... ñami... Y sí. Reconócelo!! Eres muy ritalín!!
xxx
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