lunes, noviembre 16, 2009

En las últimas

La barrita de la izquierda está equivocada, porque aunque ya pasé las 40 semanas mi promigénito aun no se decide a nacer. De todas maneras ya no le van quedando muchas opciones para elegir como fecha de cumpleaños, porque el viernes es su fecha tope y si no sale por las buenas enviaremos una brigada de desalojo por él.

Asi que en el mejor de los casos me quedan algo asi como 4 días de embarazo y claro, es medio inevitable ponerse a recordar todo lo que ha pasado en estos 9 meses. Algo así como los "pregnancy awards". Sin ánimo de ser exhaustiva, acá va mi personalisima experiencia:

- El momento de emoción maxima: La primera vez que sientes su corazoncito later

- Lo más indigno: No ser capaz de depilarte o cortarte las uñas de los pies por ti misma

- La pregunta mas repetida: ¿cuanto tienes?

- La segunda pregunta mas repetida: ¿y van a querer saber si es hombre o mujer?

- La mejor sensación: Las pataditas en tu barriga, sobretodo si son una respuesta a cuando le hablas

- Lo mas desagradable: El reflujo y la acidez

- El mayor alivio: Cuando desaparecen el reflujo y la acidez

- Lo más rico: Que todos te regaloeen tanto que llega a dar un poco de verguenza

- Las mejores semanas: Las de prenatal!!

- Lo que mas se echa de menos: dormir de guata

- Las mayores alegrías: Cada vez que lo ves en un examen y te dicen "está sanito"

- Lo que mas cuesta asumir: Que una simplemente no puede mantener el ritmo de vida al que estás acostumbrada.

miércoles, junio 17, 2009

Estoy flojita, si sé

A pesar de que las últimas semanas en la pega han estado más bien relajadas he andado bien floja para escribir, tengo los dos blog medio botados, y esta vez no es por falta de tiempo. Siendo sincera no es para lo único que ando floja, para la gran mayoría de las cosas me tengo que hacer el ánimo porque la inercia me supera.

Supongo que muy a pesar mío debo reconocer que es algo “normal”. A mi pesar porque la famosa “normalidad” del embarazo aburre a ratos. Una anda llena de sensaciones nuevas y resulta que todo es de lo más común y por lo mismo de lo menos importante que hay. Al final igual una lo sabe, pero cuando lo escuchas treinta y dos veces al día agota a cualquiera...

Entonces al final todo es normal. Que me quiera quedar en la casa, que casi todo me dé un poco lo mismo, que sentarme a tejer (sí, a tejer) sea un tremendo panorama y que me cueste armarme de valor para ir a kung fu a pesar de que lo paso tan re bien estando allá. Es normal que prefiera estabilidad y algo de estancamiento laboral a correr una carrera de locos en busca de “desarrollo profesional”, es normal que prefiera cultivar mejor los amigos que tengo a buscarme nuevos o seguir dando la pelea por causas perdidas, que muera de ganas de ir a bailar pero aborte la misión al sentir sueño.

Ok, seguiré en esta normalidad mientras mi guatita crece cada vez más, mientras siento cada vez más clarito como se mueve mi bebé, mientras cuento ansiosa los días que faltan para la próxima ecografía donde (al fin!) debiéramos saber si es hombre o mujer y mientras disfruto del regaloneo permanente de mi media naranja.

¿Será parte de esta normalidad mi alegría ante la llegada inminente del invierno con sus días cortos fríos con temporales, lluvia y viento? Porque eso sí que nunca me había pasado.

miércoles, mayo 06, 2009

Campeonato de San da(*) : Mi primera (y capaz que última) vez


Ya había contado acerca de mi primera experiencia combativa. Después de esa vez, ponerme los guantes se volvió algo habitual en kung fu. Y no sólo los guantes, porque antes que me diera cuenta, me vi tapada en protecciones: empeinera, tobillera, canillera, pechera, vendas en las manos, cabezal y un bucal completaban el atuendo más sexy que he usado en la vida…

Y así, vestida de tortuga ninja, empezó mi era de combates. En clases, generalmente con mis compañeros hombres (porque como se imaginarán no hay demasiadas mujeres que estén dispuestas a pelear) fui sacando “la peleadora que llevo dentro” y que nunca había descubierto. La verdad no me daba miedo, primero porque sabía que mis compañeros me cuidaban y porque con tanta protección es cierto que los golpes casi no duelen. Lo que duele es el orgullo. El orgullo herido cuando alguien con 10 años menos que tú te bota al suelo, o cuando la frase “combos venian” se hace realidad.
Pero de a poco fui aprendiendo, y sin darme cuenta me empecé a tener participaciones harto más dignas. Hasta que llegó el temido y esperado anuncio: “Hay un campeonato en 2 meses más”. Decidí participar, aunque sabía que esto era “en serio”, y que nadie iba a tener consideraciones conmigo porque todas íbamos a estar en “igualdad de condiciones”. Yo sólo quería saber que se siente subirse al tatami, escuchar la partida y ver de que era capaz (y ojalá no perder a la primera, claro).

Entrené como loca, cuidé mi alimentación, las horas de sueño, el peso. Me preocupaba harto no tener que pelear con gente que pesara 4 o 5 kilos más porque eso si que se nota (la cosa es por categorías) y obviamente me preocupaba no hacer el ridículo.

Y llegó el día. Cuando me pasaron la papeleta de inscripción, descubrí que ¡me habían subido de categoría!! Como no había nadie más de mi peso, tuve que entrar a una serie donde todas me sacaban mínimo 7 kg. “No importa” pensé. “Yo seré más rápida”.


Primera pelea. La verdad me acuerdo poco, sólo que mi rival era un poco más alta que yo, que me tiré encima con todo y que no me pegaron tanto como esperaba. Gané y salí feliz a descansar para la otra.

Segunda pelea. La niña era alta y pegaba fuertísimo, eso lo recuerdo perfecto. Me caí en una patada y aunque hice mi mejor esfuerzo me di cuenta que el tiempo de descanso no había sido suficiente. Perdí, pero al finalizar me dijeron que tenía otra pelea más, por el tercer lugar.

Última pelea. Tuve más tiempo para descansar, pero las otras dos peleas me pasaban la cuenta. Cuando estaba sentada en mi esquina esperando que empezara miré a la otra niña y vi (o crei ver) que tenía miedo. Ahí dije, “esta es la mía” y aunque era grandota me tiré con todo, a esa altura más corazón que técnica y fuerza. Luego de los dos minutos más largos de mi vida me anunciaron como ganadora… Había sacado el tercer lugar!!

Es complejo explicar el sentido de un combate a alguien lejano al tema. Al final, peleas contigo mismo, tus miedos, tus trancas, tu rabia y todo eso (bueno o malo) que a veces ni sabes que tienes. No sé si vuelva a hacerlo, si vuelvo a tener las ganas, la energía y el estado físico luego de mi maternidad. Pero sí sé que lo intenté y salí contenta conmigo misma


(*) San da: sanshou o boxeo chino, sistema de defensa personal que mezcla varios estilos de kung fu en un sistema más estandarizado y flexible. Se practica como combate deportivo

lunes, abril 13, 2009

Ya es oficial

(este post está escrito en plural porque aunque sea yo la embarazada la cosa es de ambos, mia y de Azul o sea, yo me llevo la parte física pero todo todito lo demás es compartido… como tan egoísta)

Nos enteramos hace justo un mes, aunque en mi interior yo lo sabía desde antes, incluso antes del atraso. Por eso, el día que me hice el test ni me apuré en mirarlo, porque sabía lo que iba a salir. Igual salí corriendo donde Azul y le grité “vas a ser papá!!!!”. Teníamos ganas de contarle a todo el mundo, pero nos prometimos esperar al médico. Después de ir, había que esperar la eco, pero el pobre Azul no aguantó y le contó a “los más cercanos”. Yo que soy mala en esas cosas me mordí la lengua y sólo le conté a mis hermanas y un par de amigas, es que la idea de contar y que después no fuera me desanimaba completamente...

Pero ya pasó. Ya sabemos que estás ahí, creciendo. Y estamos tranquilos, felices a mas no poder y tratando de cuidarnos al máximo para que crezcas sanito y feliz. Yo yo aprovechando como todos me regalonean: Azul, mi familia, mis amigos y hasta mis compañeros de pega.

Y me río más que nunca leyendo a Claudia, porque entiendo todito lo que le pasa. Porque estoy en la misma. La fiesta hormonal le llaman: ya no puedo andar en micro porque me muero del mareo, me dan nauseas, tengo un olfato realmente privilegiado, estoy llena de espinillas y me canso hasta de subir escaleras.

Sigo haciendo kung fu pero no soy ni la sombra de mi misma. Me olvidé del campeonato de mayo, de entrenar doble jornada, de mis calugas conseguidas con tanto esfuerzo, de la operación a la cadera que estaba en carpeta, de mi secreta idea de ir a Europa a ver a mi amiga, de la cervecita del viernes, del ceviche y la ida a Fantasilandia a subirse a todos los juegos posibles.
Pero no me importa.
Nada me importa cuando recuerdo el sonido de tu corazoncito, ese “tutum tutum tutum” sobrecogedor, que nos confirmó que estás ahí, con tus escasos 1,8 cm y toda una vida por delante...

lunes, marzo 30, 2009

Soy un Tres


Por mi trabajo me invitaron a un taller de Eneagrama. La primera vez que oí la palabra me sonó a esoterismo puro, algo así como un horóscopo o algo así. Y como la persona que organizaba el taller andaba estudiando Tarot mi prejuicio aumentó. Para mi grata sorpresa descubrí que se trata de un sistema de conocimiento de la personalidad, muy entretenido y, lo mejor, tremendamente útil. Además la monitora del taller era seca.

Desde mi escaso y reciente conocimiento puedo contar que el Eneagrama plantea que existen 9 tipos básicos de personalidad, (eneatipos), asociados a los números del 1 al 9. El eneatipo se define en la niñez, depende de la genética, la relación con los padres y el entorno, las cosas que te pasan y cómo cada uno las interpreta. Al final, la personalidad se termina de “armar” como a los 20 años y después no cambia, o sea, no voy evolucionando de un eneatipo a otro. Lo que si se puede hacer es un trabajo personal para reconocer nuestros obstáculos y desarrollarnos mejor o ser mas “sanos”. No hay números mejores que otros, todos tienen cosas buenas y malas.

Para mi, la principal gracia es que aprendes a entender mejor a quienes te rodean, eso ayuda a entender como funciona cada uno y como te puedes relacionar mejor hasta en detalles tan simples como la manera de hacer una pregunta. Por ejemplo, entiendo mucho mejor por qué soy práctica y me gusta hacerlas todas, o por que mi marido es tan olvidadizo…Ahora, es importante tener claro que las personas son más que un número, un eneatipo nunca va a describir totalmente a alguien, y jamás será una excusa cuando cometes un error, pero sí puede servir mucho para crecer como persona. Se puede aplicar a organizaciones e incluso a países.

No les voy a hablar de cada número porque el post quedaría eterno. Internet está lleno de tests para conocer el eneatipo, pero hay que tener ojo porque ninguno es 100% confiable estadísticamente. Lo mejor (para mi gusto) es estudiar y entender bien cada uno hasta que sientas “ese soy yo!!!”. A mi me pasó exactamente eso. Después puedes hacer alguna prueba para validar, o despejar dudas. Y si toman un curso, ojo con quien lo lleva, yo después conocí otra consultora que hacía eneagrama y me cargó su manera de enseñarlo.

Algunos libros por si les interesa:
Helen Palmer “El eneagrama”
Don Richard Riso “La sabiduría del eneagrama”

viernes, marzo 06, 2009

1985

Esta semana fue el nuevo “aniversario” del terremoto del 85 y claro, inevitable acordarse de que hacíamos cuando el remezón nos agarró. Más que por el terremoto en sí, creo que es un buen ejercicio para recordar como era nuestra vida hace 24 años. Acá vamos

Por la fecha debo haber tenido 7 años. En esa época mi familia paterna se juntaba sagradamente todos los domingos en la tarde a la casa de los abuelos. Jugaba con mis primos, veíamos el Jappening y comíamos viendo las noticias. El 3 de marzo del 87 estábamos empezando a comer, cuando se empieza a mover todo. Éramos al menos 12 personas en la mesa. Lo divertido es que en los primeros segundos (o quizás fue solo uno, la percepción del tiempo se distorsiona) nadie dijo ni hizo nada, hasta que mi abuelo, que se sentaba en la cabecera, se para y golpea la mesa con ambas manos mientras grita “Está temblando!!” como si diera una orden. Acto seguido todos se pararon y vinieron momentos re confusos:
Mi abuela y mi bisabuela salieron al patio, volvieron con un par de pisos y se sentaron en el living a rezar: “Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores…” (por qué fueron al buscar los pisos en lugar de sentarse en los sillones, nunca lo sabremos)
Mi hermana salió al jardín abrazada con una prima.. me acuerdo que ellas y varios más lloraban. Mi mamá no decía nada, pero su cara estaba descompuesta y mi papá le decía “cálmate, calmate!!”
Mis tías se movían nerviosas por la casa, se ponían bajo los umbrales de las puertas, después armaron un griterío cuando alguien se asomó al jardín porque “le podía caer un poste encima”

Yo nunca había sentido un temblor, así que ni alcancé a asustarme, sino más bien me impacté al ver la reacción de todos. Cuando dejó de temblar, vino la segunda parte: Una prima se puso a gritar desesperadamente “Mi mamaaaaaaaa!!” (el hermano de ella estaba en la escuela de carabineros, la mamá lo había ido a dejar con otra tia, y el terremoto los pilló en plena Alameda). No había como hacerla callar.
Mi otra abuela (no la que rezaba) andaba en el sur, y cuando mi mamá recordó esto preocupada todos le decían “Ay, si en el sur ni se siente!!”. (Días después mi abuela volvió contando que en San Javier la casa casi se vino entera abajo y se salvaron porque estaban tomando once en el parrón). Todos se movían por la casa buscando velas y revisando si había grietas o se había caído algo, salvo mi abuelo que se sentó tranquilamente a comer.

Más tarde volvimos a la casa. De camino, cuando vi las casas medio derrumbadas y el Monumento de la plaza (vivíamos en Maipú) convertido en un montón de piedras recién me di cuenta que se trataba de una catástrofe. Y era tan cercana como nunca había visto. Ese día dormimos con mis hermanas en la pieza de mis papás, que no pegaron un ojo en toda la noche con las réplicas. Probablemente fueron varios días así, pero ahí es cuando la memoria empieza a fallar y cuesta diferenciar un día de otro.
Es divertido porque mi primera sensación es que esto no pasó hace taaanto tiempo. Pero sí. 24 años. Y claro, las vidas cambian: ya no vivo en Maipú ni voy los domingos donde mi abuelo. Él, mi abuela y bisabuela se murieron, la casa se vendió. Mi primo ya no es carabinero, yo ya he pasado por cientos o quizás miles de temblores. A mis tíos los veo un par de veces al año y mi abuela ya no va al sur. Ya no dan el Jappening, mi prima que gritaba vive en España y todos nos hemos vuelto nostálgicos y nos gusta recordar los que haciamos, veiamos y escuchábamos en nuestra infancia.

Debieran hacer un capítulo de Los 80 que mostrara el terremoto.