Ya había contado acerca de mi primera experiencia combativa. Después de esa vez, ponerme los guantes se volvió algo habitual en kung fu. Y no sólo los guantes, porque antes que me diera cuenta, me vi tapada en protecciones: empeinera, tobillera, canillera, pechera, vendas en las manos, cabezal y un bucal completaban el atuendo más sexy que he usado en la vida…
Y así, vestida de tortuga ninja, empezó mi era de combates. En clases, generalmente con mis compañeros hombres (porque como se imaginarán no hay demasiadas mujeres que estén dispuestas a pelear) fui sacando “la peleadora que llevo dentro” y que nunca había descubierto. La verdad no me daba miedo, primero porque sabía que mis compañeros me cuidaban y porque con tanta protección es cierto que los golpes casi no duelen. Lo que duele es el orgullo. El orgullo herido cuando alguien con 10 años menos que tú te bota al suelo, o cuando la frase “combos venian” se hace realidad.
Pero de a poco fui aprendiendo, y sin darme cuenta me empecé a tener participaciones harto más dignas. Hasta que llegó el temido y esperado anuncio: “Hay un campeonato en 2 meses más”. Decidí participar, aunque sabía que esto era “en serio”, y que nadie iba a tener consideraciones conmigo porque todas íbamos a estar en “igualdad de condiciones”. Yo sólo quería saber que se siente subirse al tatami, escuchar la partida y ver de que era capaz (y ojalá no perder a la primera, claro).
Entrené como loca, cuidé mi alimentación, las horas de sueño, el peso. Me preocupaba harto no tener que pelear con gente que pesara 4 o 5 kilos más porque eso si que se nota (la cosa es por categorías) y obviamente me preocupaba no hacer el ridículo.
Y llegó el día. Cuando me pasaron la papeleta de inscripción, descubrí que ¡me habían subido de categoría!! Como no había nadie más de mi peso, tuve que entrar a una serie donde todas me sacaban mínimo 7 kg. “No importa” pensé. “Yo seré más rápida”.
Primera pelea. La verdad me acuerdo poco, sólo que mi rival era un poco más alta que yo, que me tiré encima con todo y que no me pegaron tanto como esperaba. Gané y salí feliz a descansar para la otra.
Segunda pelea. La niña era alta y pegaba fuertísimo, eso lo recuerdo perfecto. Me caí en una patada y aunque hice mi mejor esfuerzo me di cuenta que el tiempo de descanso no había sido suficiente. Perdí, pero al finalizar me dijeron que tenía otra pelea más, por el tercer lugar.
Última pelea. Tuve más tiempo para descansar, pero las otras dos peleas me pasaban la cuenta. Cuando estaba sentada en mi esquina esperando que empezara miré a la otra niña y vi (o crei ver) que tenía miedo. Ahí dije, “esta es la mía” y aunque era grandota me tiré con todo, a esa altura más corazón que técnica y fuerza. Luego de los dos minutos más largos de mi vida me anunciaron como ganadora… Había sacado el tercer lugar!!
Es complejo explicar el sentido de un combate a alguien lejano al tema. Al final, peleas contigo mismo, tus miedos, tus trancas, tu rabia y todo eso (bueno o malo) que a veces ni sabes que tienes. No sé si vuelva a hacerlo, si vuelvo a tener las ganas, la energía y el estado físico luego de mi maternidad. Pero sí sé que lo intenté y salí contenta conmigo misma
Y llegó el día. Cuando me pasaron la papeleta de inscripción, descubrí que ¡me habían subido de categoría!! Como no había nadie más de mi peso, tuve que entrar a una serie donde todas me sacaban mínimo 7 kg. “No importa” pensé. “Yo seré más rápida”.
Primera pelea. La verdad me acuerdo poco, sólo que mi rival era un poco más alta que yo, que me tiré encima con todo y que no me pegaron tanto como esperaba. Gané y salí feliz a descansar para la otra.
Segunda pelea. La niña era alta y pegaba fuertísimo, eso lo recuerdo perfecto. Me caí en una patada y aunque hice mi mejor esfuerzo me di cuenta que el tiempo de descanso no había sido suficiente. Perdí, pero al finalizar me dijeron que tenía otra pelea más, por el tercer lugar.
Última pelea. Tuve más tiempo para descansar, pero las otras dos peleas me pasaban la cuenta. Cuando estaba sentada en mi esquina esperando que empezara miré a la otra niña y vi (o crei ver) que tenía miedo. Ahí dije, “esta es la mía” y aunque era grandota me tiré con todo, a esa altura más corazón que técnica y fuerza. Luego de los dos minutos más largos de mi vida me anunciaron como ganadora… Había sacado el tercer lugar!!
Es complejo explicar el sentido de un combate a alguien lejano al tema. Al final, peleas contigo mismo, tus miedos, tus trancas, tu rabia y todo eso (bueno o malo) que a veces ni sabes que tienes. No sé si vuelva a hacerlo, si vuelvo a tener las ganas, la energía y el estado físico luego de mi maternidad. Pero sí sé que lo intenté y salí contenta conmigo misma
(*) San da: sanshou o boxeo chino, sistema de defensa personal que mezcla varios estilos de kung fu en un sistema más estandarizado y flexible. Se practica como combate deportivo
4 comentarios:
Que guena este deporte. Siempre me han llamado la atención los deportes orientales, por la filosofía que hay detrás. Lo mejor de todo es que te va a costar repoco mantenerte delgada y como teni la guata musculosa capaz que a los 6 meses recién tengas guata de embarazada.
Me acuerdo que al principio siempre me ponía nerviosa con los controles, pero tienes que ir con harta fe y pensando que todo estará bien. Te aseguro que así será.
mi pololo hace kung fu y cuando lo he ido a ver competir se me parte el alma cuando le pegan! siempre he pensado como seria para mi estar en una pelea asi porque nunca le he pegado a nadie mas que a mi hermano cuando chica. Igual me gusta la disciplina pero no las peleas. En que escuela estas si se puede preguntar?
Vi un post que dejaste en un blog.. y me llamó la atención tu nombre de usuario: hace poquito vi una pelicula en que la protagonista se llama Selma y se parece a la foto de tu perfil...
Será que quedé rayando con la peli y ando viendo cosas que no son??
Saludos!
La peli es de Björk, se llama "Dancer in the Dark"...
No estoy loca entonces... gracias por sacarme de la duda.. jajaa
Saludos
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