Sacando cuentas debe haber sido hace como 3 años. En esa época a todo el mundo le dio por casarse y con mi maridito veníamos de vuelta de una de tantas fiestas y como es de esperar, ambos estábamos bien arriba de la pelota.
Íbamos bajando por Echeñique a una hora indefinida entre las 3 y las 6 de la mañana cuando vemos dos carabineros (no ven que ahora las ofensas de palabra son castigadas) empujando su auto. De puro jugoso mi hombre me mira y me dice ¿los ayudamos? Y yo prendí altiro y le dije que bueno. Nos bajamos del auto y ante la sorpresa de los de verde ofrecimos nuestro humilde aporte. Ni me di cuenta cuando mi marido toma el control de la situación y empieza a darle ordenes a los pacos: “ud. por acá, ud. empuje ahi y mi señora maneja”… y ellos le hacían caso!! Yo, que nunca habia hecho partir un auto en panne, lo miré muerta de la risa y le pregunté que tenia que hacer. Me dio un par de instrucciones y me subí al auto. Uno de los amigos de la ley me miró y preguntó “y ella sabe?”. “No se preocupe, maneja excelente” fue la respuesta mientras yo lo miraba con una sonrisa que delataba los varios rones que me había tomado.
No es que sepa mucho de autos ni que sea muy exigente, pero caché altiro que confort no es el concepto que usan en los radiopatrullas. El volante era bien grande y delgado, como de micro antigua, el asiento incómodo y el embriague ultra duro. Metí segunda y con la ayuda de los tres hombres lo hice partir, con la tentación irresistible de prender la sirena y acelerar, pero reconozco que arrugué porque estaba re cerca de una comisaría y porque no sabia donde se prendía. Anduve como 100 metros y me detuve, esperando a los pacos que corrían detrás de mí con cara de urgidos por si alguien me veía manejando su auto en dudosas condiciones.
Cuando se fueron, nos quedamos un buen rato riendo por toda la situación, dos jugosos copeteados ayudando a un par de pacos en panne.