lunes, marzo 30, 2009

Soy un Tres


Por mi trabajo me invitaron a un taller de Eneagrama. La primera vez que oí la palabra me sonó a esoterismo puro, algo así como un horóscopo o algo así. Y como la persona que organizaba el taller andaba estudiando Tarot mi prejuicio aumentó. Para mi grata sorpresa descubrí que se trata de un sistema de conocimiento de la personalidad, muy entretenido y, lo mejor, tremendamente útil. Además la monitora del taller era seca.

Desde mi escaso y reciente conocimiento puedo contar que el Eneagrama plantea que existen 9 tipos básicos de personalidad, (eneatipos), asociados a los números del 1 al 9. El eneatipo se define en la niñez, depende de la genética, la relación con los padres y el entorno, las cosas que te pasan y cómo cada uno las interpreta. Al final, la personalidad se termina de “armar” como a los 20 años y después no cambia, o sea, no voy evolucionando de un eneatipo a otro. Lo que si se puede hacer es un trabajo personal para reconocer nuestros obstáculos y desarrollarnos mejor o ser mas “sanos”. No hay números mejores que otros, todos tienen cosas buenas y malas.

Para mi, la principal gracia es que aprendes a entender mejor a quienes te rodean, eso ayuda a entender como funciona cada uno y como te puedes relacionar mejor hasta en detalles tan simples como la manera de hacer una pregunta. Por ejemplo, entiendo mucho mejor por qué soy práctica y me gusta hacerlas todas, o por que mi marido es tan olvidadizo…Ahora, es importante tener claro que las personas son más que un número, un eneatipo nunca va a describir totalmente a alguien, y jamás será una excusa cuando cometes un error, pero sí puede servir mucho para crecer como persona. Se puede aplicar a organizaciones e incluso a países.

No les voy a hablar de cada número porque el post quedaría eterno. Internet está lleno de tests para conocer el eneatipo, pero hay que tener ojo porque ninguno es 100% confiable estadísticamente. Lo mejor (para mi gusto) es estudiar y entender bien cada uno hasta que sientas “ese soy yo!!!”. A mi me pasó exactamente eso. Después puedes hacer alguna prueba para validar, o despejar dudas. Y si toman un curso, ojo con quien lo lleva, yo después conocí otra consultora que hacía eneagrama y me cargó su manera de enseñarlo.

Algunos libros por si les interesa:
Helen Palmer “El eneagrama”
Don Richard Riso “La sabiduría del eneagrama”

viernes, marzo 06, 2009

1985

Esta semana fue el nuevo “aniversario” del terremoto del 85 y claro, inevitable acordarse de que hacíamos cuando el remezón nos agarró. Más que por el terremoto en sí, creo que es un buen ejercicio para recordar como era nuestra vida hace 24 años. Acá vamos

Por la fecha debo haber tenido 7 años. En esa época mi familia paterna se juntaba sagradamente todos los domingos en la tarde a la casa de los abuelos. Jugaba con mis primos, veíamos el Jappening y comíamos viendo las noticias. El 3 de marzo del 87 estábamos empezando a comer, cuando se empieza a mover todo. Éramos al menos 12 personas en la mesa. Lo divertido es que en los primeros segundos (o quizás fue solo uno, la percepción del tiempo se distorsiona) nadie dijo ni hizo nada, hasta que mi abuelo, que se sentaba en la cabecera, se para y golpea la mesa con ambas manos mientras grita “Está temblando!!” como si diera una orden. Acto seguido todos se pararon y vinieron momentos re confusos:
Mi abuela y mi bisabuela salieron al patio, volvieron con un par de pisos y se sentaron en el living a rezar: “Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores…” (por qué fueron al buscar los pisos en lugar de sentarse en los sillones, nunca lo sabremos)
Mi hermana salió al jardín abrazada con una prima.. me acuerdo que ellas y varios más lloraban. Mi mamá no decía nada, pero su cara estaba descompuesta y mi papá le decía “cálmate, calmate!!”
Mis tías se movían nerviosas por la casa, se ponían bajo los umbrales de las puertas, después armaron un griterío cuando alguien se asomó al jardín porque “le podía caer un poste encima”

Yo nunca había sentido un temblor, así que ni alcancé a asustarme, sino más bien me impacté al ver la reacción de todos. Cuando dejó de temblar, vino la segunda parte: Una prima se puso a gritar desesperadamente “Mi mamaaaaaaaa!!” (el hermano de ella estaba en la escuela de carabineros, la mamá lo había ido a dejar con otra tia, y el terremoto los pilló en plena Alameda). No había como hacerla callar.
Mi otra abuela (no la que rezaba) andaba en el sur, y cuando mi mamá recordó esto preocupada todos le decían “Ay, si en el sur ni se siente!!”. (Días después mi abuela volvió contando que en San Javier la casa casi se vino entera abajo y se salvaron porque estaban tomando once en el parrón). Todos se movían por la casa buscando velas y revisando si había grietas o se había caído algo, salvo mi abuelo que se sentó tranquilamente a comer.

Más tarde volvimos a la casa. De camino, cuando vi las casas medio derrumbadas y el Monumento de la plaza (vivíamos en Maipú) convertido en un montón de piedras recién me di cuenta que se trataba de una catástrofe. Y era tan cercana como nunca había visto. Ese día dormimos con mis hermanas en la pieza de mis papás, que no pegaron un ojo en toda la noche con las réplicas. Probablemente fueron varios días así, pero ahí es cuando la memoria empieza a fallar y cuesta diferenciar un día de otro.
Es divertido porque mi primera sensación es que esto no pasó hace taaanto tiempo. Pero sí. 24 años. Y claro, las vidas cambian: ya no vivo en Maipú ni voy los domingos donde mi abuelo. Él, mi abuela y bisabuela se murieron, la casa se vendió. Mi primo ya no es carabinero, yo ya he pasado por cientos o quizás miles de temblores. A mis tíos los veo un par de veces al año y mi abuela ya no va al sur. Ya no dan el Jappening, mi prima que gritaba vive en España y todos nos hemos vuelto nostálgicos y nos gusta recordar los que haciamos, veiamos y escuchábamos en nuestra infancia.

Debieran hacer un capítulo de Los 80 que mostrara el terremoto.