Y así, vestida de tortuga ninja, empezó mi era de combates. En clases, generalmente con mis compañeros hombres (porque como se imaginarán no hay demasiadas mujeres que estén dispuestas a pelear) fui sacando “la peleadora que llevo dentro” y que nunca había descubierto. La verdad no me daba miedo, primero porque sabía que mis compañeros me cuidaban y porque con tanta protección es cierto que los golpes casi no duelen. Lo que duele es el orgullo. El orgullo herido cuando alguien con 10 años menos que tú te bota al suelo, o cuando la frase “combos venian” se hace realidad.
Y llegó el día. Cuando me pasaron la papeleta de inscripción, descubrí que ¡me habían subido de categoría!! Como no había nadie más de mi peso, tuve que entrar a una serie donde todas me sacaban mínimo 7 kg. “No importa” pensé. “Yo seré más rápida”.
Primera pelea. La verdad me acuerdo poco, sólo que mi rival era un poco más alta que yo, que me tiré encima con todo y que no me pegaron tanto como esperaba. Gané y salí feliz a descansar para la otra.
Segunda pelea. La niña era alta y pegaba fuertísimo, eso lo recuerdo perfecto. Me caí en una patada y aunque hice mi mejor esfuerzo me di cuenta que el tiempo de descanso no había sido suficiente. Perdí, pero al finalizar me dijeron que tenía otra pelea más, por el tercer lugar.
Última pelea. Tuve más tiempo para descansar, pero las otras dos peleas me pasaban la cuenta. Cuando estaba sentada en mi esquina esperando que empezara miré a la otra niña y vi (o crei ver) que tenía miedo. Ahí dije, “esta es la mía” y aunque era grandota me tiré con todo, a esa altura más corazón que técnica y fuerza. Luego de los dos minutos más largos de mi vida me anunciaron como ganadora… Había sacado el tercer lugar!!
Es complejo explicar el sentido de un combate a alguien lejano al tema. Al final, peleas contigo mismo, tus miedos, tus trancas, tu rabia y todo eso (bueno o malo) que a veces ni sabes que tienes. No sé si vuelva a hacerlo, si vuelvo a tener las ganas, la energía y el estado físico luego de mi maternidad. Pero sí sé que lo intenté y salí contenta conmigo misma







